Recuerdo que el plan empezó como una noche de música poco usual, iba con mis padrinos al Cartagena Music Festival, a presenciar un majestuoso espectáculo brindado por la Sinfonía de la Ciudad de Londres. Fue la primera vez que iba a un evento de esta clase, estaba emocionado, pues aun la gripe no fue excusa suficiente para perderme tal oportunidad.
Antes de ir había acordado con un tío y un primo (Miguel) tomarnos unas cuantas cervezas en la calle del arsenal, lo cual es el objetivo principal de esta historia, pero creo que era imprescindible mencionar la música clásica pues para ubicarnos espacio-temporalmente y darle un toque bonito al relato.
De cualquier forma la sinfonía estuvo genial, nunca el audio de alta definición podría superar la clase de sonido de los acústicos CAROS cabe resaltar.
Luego de tal música, obviamente había que celebrar, mis padrinos se fueron a su casa y me esperaban Miguel y mi tío en un lugar cercano, me reuní con ellos y decidimos buscar un lugar donde podríamos sentarnos a tomarnos unas “frías”. Lo que ninguno de nosotros sabíamos era que la cerveza más barata que íbamos a encontrar costaba $5.000, íbamos a cierto lugar, no me voy a poner a mencionar lugares, el cual cobraban $10.000 de cover, no teníamos dinero suficiente como para embriagarnos, obviamente no pagaríamos un cover.
Decidimos caminar a buscar uno de esos sitios no explorados ni promulgados, fue entonces cuando uno de estos jóvenes con pantalones poco limpios y carentes de zapatos se acercó y dijo que conocía un lugar que nos interesaría, que no había cover y las cervezas estaban a $5.000, el precio más barato en Cartagena a esa hora, accedimos sin pensarlo dos veces.
El jóven caminaba adelante y nosotros tres seguíamos, me parecía una locura, porque cada vuelta que dábamos era un sitio aún más solitario, llegué hasta el punto de poner mi cabeza sobre mi cabeza y pensar “Nos atracaron”.
Al final llegamos al sitio, parecía uno de esos lugares salidos de la película Hostal, entramos y sólo habían mujeres… Ninguna de ellas fea. Me senté en una mesa de cuatro puestos, donde en los demás tres estaban las paisas más sensuales que he visto en… Cartagena…
Mientras veía a mi primo con sus pupilas dilatadas, estaba mi tío preguntando los precios de las cervezas, $8.000, el gamín nos había mentido, estábamos debatiendo si debíamos quedarnos o irnos, yo resalté que teníamos ya una mesa asegurada (MENTIRA! Me habían gustado las paisas), pero dijeron que la cerveza estaba muy cara y decidimos explorar otro sitio, el cual estaba lleno, y otro el cual estaba vacío pero nos distrajo con una cerveza, aburre cuando los dueños del local o sus empleados intentan hacerse los “valecitas”.
Sus miradas me decían que querían volver al primer lugar, y ¿adivinen por la mía qué pasaba?. No tardamos mucho cuando caminábamos de nuevo entre esas calles solitarias, entramos y ya habían algunos clientes, nos sentamos en la misma mesa y pedimos tres cervezas ($24.000), la vida no es justa colegas.
Parecíamos abanico colgado en pared de restaurante barato, mirando de lado a lado y en un momento se traba, esas mujeres debieron pensar “Hah! Primíparos!”, por mi mente también pasaba lo que posiblemente pasaba por la de ellas. No pasó mucho tiempo cuando una paisa se sentó a mi lado queriendo entablar una conversación que ella sólo quería llevara a algo, si hubiese sabido que en mi billetera sólo habían $50.000 tal vez ¡ni se molesta en acercarse!. Charlamos un tiempo considerable, tanto como para que mi tío dijera que esa era mi novia, pero por lo menos no parecí un primíparo, eso creo.
Un rato después pusieron música que sabía que alguna de esas chicas me iba a sacar a bailar, – ¿bailar yo? está bien, pero me enseñas – dije, era esa misma paisita, la cual me enseñó que bailar no era muy diferente al sexo, por lo menos como ella bailaba. Por dentro mi personalidad me decía ser un caballero, pero la teoría decía que no importara como fueras con esas mujeres, con tal de que tuvieses un billete extra en tu bolcillo. Luego de la danza de canal porno me senté, pero me dí cuenta que estaba dando mucha cuerda, la misma paisa se sentó en mis piernas de una forma que me dejaba sin guardia alguna.
Luego de charlar mi tío con su “respectiva” sobre que ya nos íbamos (aka. no dinero), las mujeres simplemente desaparecieron, pero no antes de que mi paisa me dijera – Quiero hacerte el amor papi rico -, fue cuando pensé, “Claro, ella quiere y yo tengo que pagar”.
Jajajaja, fue una locura como nos miraban, como nos tocaban. Hasta trensito hicimos bailando; 3 paisas, Marco y yo. Cuando tenga plata Vuelvo!!!
jajajaja… buennnn articulooooo!!
diossss nononooo yo jurando q solo ibas al festival de musica!!
yo me imagino la cara de migue xD jajajaja